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conferencista Cristiano

Conferencista en vida Cristiana

CUIDADO CON LA CODEPENDENCIA

No sé si ha dado cuenta, pero algunas cosas en la vida no tienen ningún sentido.


Sólo en los Estados Unidos hay estacionamientos para personas con impedimentos físicos frente a una pista de patinaje.

Sólo en los Estados Unidos la gente pide una hamburguesa doble, papitas fritas extra grande y una Coca Cola de dieta.

Sólo en los Estados Unidos los bancos dejan las dos puertas abiertas, pero atan los bolígrafos al mostrador.

Sólo en los Estados Unidos compras hot dogs en paquetes de diez y el pan para esos hot dogs viene en paquetes de ocho.

Y es que hacemos muchas cosas en la vida que no tienen mucho sentido.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con el tema de la codependencia, la compulsión por controlar? Bueno, es que la codependencia, al igual que lo anterior, tampoco tiene sentido. O, mejor dicho, no se puede explicar bien.

A continuación intentaré presentarte diferentes perspectivas para que lo podamos entender mejor.

Si tuviéramos que resumir la codependencia en una sola palabra sería: control. Si no puedes recordar nada más de este mensaje, recuerda esto: la codependencia es la compulsión de querer controlar a los demás.

El concepto de la codependencia ha surgido en los últimos años, y el campo de la investigación le ha estado prestando mucha atención. De hecho, hay informes que dicen que en Estados Unidos hay cerca de ochenta millones de personas que dependen de alguna sustancia tóxica o tienen alguna relación con alguien que depende de alguna sustancia.

La codependencia puede llegar a ser un problema multigeneracional; es decir, que se transmite de una generación a otra. Sin embargo, no necesariamente tiene que darse esa codependencia en la misma actividad. Antes se pensaba que lo que se heredaba en las familias era el alcoholismo o el abuso de drogas. Y si bien es cierto que estas conductas sí pueden aprenderse y repetirse una generación tras otra, lo que sí se transmite es la codependencia.

Por ejemplo, un alcohólico puede tener un hijo que consuma alcohol, pero puede tener un hijo adicto al trabajo. Y este hijo adicto al trabajo puede tener una hija adicta a las compras. Y así sucesivamente. Las adicciones son distintas pero la raíz —el fenómeno subyacente— es la codependencia.

Y esto es muy triste porque la codependencia roba al ser humano la alegría de vivir y la oportunidad de crecer plenamente.

Los estudios revelan que, casi siempre, el individuo necesita ayuda para poder superarla. Es una condición compleja y complicada.

Tomemos por ejemplo el caso de Alcohólicos Anónimos. Esta entidad descubrió que mientras más alcohólicos se mejoraban, más fracasaban sus familias. El tiempo les reveló que en estas familias existían más problemas que el abuso de alguna sustancia tóxica. De una forma u otra la vida normal de la familia se perdía por la preocupación que existía por la persona alcohólica. Y así fue que se comenzó a usar este concepto de la codependencia, para describir a las personas relacionadas con otros que dependen de sustancias como el alcohol, drogas y otros hábitos.

Más adelante también comenzó a usarse el término para describir familias donde había personas adictas al trabajo, a las compras, etc.

Luego se encontraron los mismos síntomas en hijos cuyos padres estaban obsesivamente comprometidos con alguna causa benéfica. Incluyendo a hijos de pastores, misioneros, líderes laicos de iglesias y ministerios. Se dieron cuenta que los hijos de padres ausentes muchas veces se convertían en abusadores. Y se encontró que el denominador común de este fenómeno era la codependencia. Los padres dependían de algún hábito o actividad y entonces los hijos, por vivir en ese ambiente, se volvieron codependientes de alguna otra compulsión, aunque no necesariamente de la misma actividad.

La codependencia es una estrategia destructiva para tratar con los problemas y no siempre implica el uso de sustancias tóxicas. La realidad es que las personas codependientes han experimentado mucho dolor en sus vidas, y debido a las cosas que antes no pudieron controlar, ahora deciden controlar a la gente que les rodea, en un esfuerzo de evitar que se repita el pasado.

No es de extrañar, que la persona codependiente sea «adicta» a personas con problemas. Casi siempre tienen un radar que atrae a personas necesitadas. Es la combinación perfecta entre el hambriento y los deseos de comer. El necesitado y el que está presto a ayudar.

Sin embargo, aunque con buena intención, el codependiente ofrece su ayuda debido a su necesidad de controlar.

El codependiente necesita recibir aprobación. En apariencia son personas fuertes, pero en realidad son muy inseguros de ellos mismos. Están en una constante guerra con su autoestima.

Aunque en la Biblia no existe ningún versículo que mencione el término codependiente, cuando te adentras en sus historias, te das cuenta que el codependencia no es un problema nuevo.

Tomemos la historia del rey Saúl. Este hombre tenía intensas batallas con su autoestima, le gustaba controlar todo, y trataba de manipular sus relaciones.

En 1 Samuel 15.17 dice:

Entonces Samuel le dijo:

—¿No es cierto que, aunque te creías poca cosa, has llegado a ser jefe de las tribus de Israel?

¿No te parece una manera muy extraña de saludar? Saúl era rey por fuera, pero se creía poca cosa. Necesitaba aprobación. Cuando lo fueron a ungir como rey, en lugar de estar listo para la ceremonia, se escondió para que no lo vieran, en lugar de ir a ponerse la corona. Y esa necesidad de aceptación de la gente se volvió fatal cuando David empezó a tener más ratings de audiencia que él y entonces quiso matarlo.

Saúl tenía todas las características de un rey: era altísimo, elegante, casi tan alto como Goliat. Pero por dentro escondía una autoestima enana. ¡Ah! Y cuando se le confrontaba con sus acciones, las negaba. Una conducta muy típica del codependiente.

Saúl comenzó a ver a David como una amenaza. Cuando, en realidad, David era su soldado más fiel. Esa inseguridad y esos complejos distrajeron tanto al rey, que este mató a mil hombres, mientras que David mató a diez mil. Sus codependencia lo transformó en un soldado ineficaz.

A Saúl, consistentemente, le faltaba la fortaleza de carácter para actuar independiente de la aprobación de las personas.

Dios le dio órdenes a Saúl de acabar con los amalecitas, un pueblo enemigo de Dios. Y Saúl, no lo hizo. Cuando lo confrontaron, primero lo negó y escucha las razones que dio en 1 Samuel 15.24:

—¡He pecado! —admitió Saúl—. He quebrantado el mandato del Señor y tus instrucciones. Los soldados me intimidaron y les hice caso.

¿Puedes verlo? La aprobación de los demás viene a ser lo más importante para el codependiente.

En Gálatas 1.10 Pablo pregunta:

¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.

En otras palabras, no puedes ser siervo de Cristo y a la vez vivir obsesivamente pendiente de agradar a los demás. Claro que, al agradar a Dios, por lo general, agradaremos también a las personas. Pero no siempre es así.

Un consejo muy sabio para todos, en especial para el que padece de codependencia, lo encontramos en 1 Tesalonicenses 2.4:

Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios aprobó y les confió el evangelio: no tratamos de agradar a la gente sino a Dios, que examina nuestro corazón.

Como ya hemos dicho, el problema principal del codependiente es el hábito de control enfermizo. Como necesitan aprobación, se dedican a agradar a otros, para entonces por medio de esa gratificación poder controlarlos. Esta es realmente su estrategia para sentirse amados. Y poco a poco se vuelven más y más controladores.

Es como la esposa que vive insegura de su marido, y entonces, para retenerlo, le compra ropa, regalos, lo premia con aquello que a él le gusta, y él se porta mejor. Y ella entonces intensifica su esfuerzo para agradar más y controlarlo más. El día en que los amigos del esposo lo invitan a cenar —amigos que obviamente ella desaprueba— entonces ella se enferma y se pone grave. Él se queda y no va a la cena. Pero la próxima vez que lo invitan, entonces es el niño, que necesita ayuda de papá con la tarea y así continúa la historia. Control en nombre del amor. Y lo que realmente están haciendo es protegiéndose —incorrectamente— para no ser lastimados, otra vez.

Regresemos al rey Saúl... Poco después que David mató a Goliat, Saúl ordenó que David se quedara con él en el palacio. Aunque este mandato estaba disfrazado de cortesía y agradecimiento, la realidad era que Saúl quería mantener cerca a David. Quería controlarlo porque lo consideraba una amenaza.

En 1 Samuel 14, Saúl está en guerra con sus soldados y ordena que no les den de comer. Piénsalo. Es un mandamiento bastante tonto. Esa gente está peleando bajo un sol candente en medio del desierto y él dice que no les den de comer. Otra vez, control.

Y es que los codependientes a menudo demandan cosas irracionales, simplemente para sentirse en control.

Jonatán, el hijo de Saúl, no escuchó la orden y probó un poco de miel. Cuando Saúl se dio cuenta, se enfureció a tal grado que quiso matar a su propio hijo. ¿Ves a lo que puede llegar el ambiente controlador? Las relaciones simplemente no pueden florecer en un ambiente controlador. Dios nos diseñó para la libertad y el respeto mutuo. La libertad es esencial en cualquier relación. El manipular a otros no es amarlos. El controlar a los demás no es quererlos.

Mira si esto es nocivo, que incluso Dios se reúsa a controlarnos. Nuestro Creador no lo hace. ¿Y sabes por qué? Porque él no es un Dios codependiente. Él no necesita la aprobación de nadie.

¿Sabes qué tienen en común Dios y un ser humano codependiente? Que a los dos les encanta cuidar a otros. Pero, para nada se parecen las razones. Dios lo hace porque nos ama de corazón y nos da libertad; el codependiente, nos ama con temor.

Características de la gente codependiente

1. Tienen una necesidad enfermiza de recibir aprobación de los demás. Que alguien más les dé el visto bueno. Que los acepten.

2. Son inteligentes, buenísimos, y por lo general son excelentes comunicadores.

3. Parece que tienen todo «bajo control». Son perfeccionistas de su imagen.

4. Lo externo es importantísimo. Pero por dentro se sienten impotentes. Son adictos de aprobación. Viven dependiendo de la opinión de los demás por la necesidad de ser aceptados.

5. Luchan mucho con su autoestima.

DoctorEdwinLemuel