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conferencista Cristiano

Conferencista en vida Cristiana

La Homosexualidad, la Biblia y el Mundo de Hoy Parte I

No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación.

—Levítico 18.22 (NVI)


Una de las noticias más comentadas en estos días en la prensa mundial ha sido la «salida del clóset» del conocido cantante Ricky Martin. Y sin duda alguna, las consecuencias de sus declaraciones van a ser discutidas y evaluadas por mucho tiempo en los medios de comunicación.

A raíz de esta noticia, hemos notado un incremento en las consultas en la página de Internet por parte de padres preocupados sobre este tema, y por eso que hemos decidido atender estas dudas de inmediato.

Cuando un hijo o una hija decide confesar a sus padres su inclinación homosexual, la primera reacción que viene a la mente de estos es preguntarse: ¿En qué falle? ¿Qué hice mal? ¿Puedo hacer algo para cambiarlo?

Y la respuesta es... posiblemente no fue algo que hayas hecho mal, ni quizás sea tu culpa. Sin embargo, aunque la respuesta fuera que sí hiciste algo mal en la crianza, ahora no es momento de reproche pues eso no resolverá la situación que estás viviendo como familia.

La primera recomendación es enfrentar el tema con amor —con toneladas de amor— hacia la persona afectada. Es urgente, además, que pidas dirección al Espíritu Santo para lidiar con la persona, con su orientación sexual y con la conducta de él o ella. Finalmente, busca ayuda de tus autoridades espirituales y el consejo de profesionales cristianos especializados en estas conductas.

Por lo general, cuando tratamos de ayudar a una persona a superar su homosexualidad, encontramos que hay confusión sobre lo que verdaderamente es la homosexualidad. Muchos se identifican erróneamente como «homosexuales» creando así un obstáculo más en su esfuerzo de aceptar su nueva identidad en Cristo.

Otros, por su parte, no desean aceptar su problema homosexual y se niegan a enfrentar la realidad. Esto sucede a menudo cuando los padres o parientes no desean aceptar la homosexualidad de un ser amado.

Hasta ahora, no existe un consenso entre la comunidad científica, los grupos religiosos, ni aun los homosexuales sobre la definición de la homosexualidad. Sin embargo, Lawrence J. Hatterer, autor de Cambiando la homosexualidad masculina, la define de la siguiente manera:

Aquel que en su vida adulta está motivado por una atracción definida, preferencial y erótica hacia miembros de su mismo sexo, y quien, usualmente —pero no necesariamente—, tiene relaciones con éste.

Si bien es cierto que esta definición presenta un buen punto de partida, el tener una explicación completa de la condición de la homosexualidad exige mayor profundidad.

¿Homosexual de nacimiento?

La mayoría de los homosexuales cree que «nacieron» homosexuales. A menudo, esta creencia brinda alivio y elimina la responsabilidad para el cambio. Sin embargo, al día de hoy, no existe ninguna evidencia científica sólida de que esto sea cierto. La gran mayoría de las personas homosexuales son completamente normales genéticamente; es decir, su composición genética es la misma que la de otros hombres y mujeres heterosexuales.

¿Conducta aprendida?

Nosotros creemos que la homosexualidad es una conducta aprendida que fue influenciada por una serie de factores; entre ellos podemos mencionar: una ruptura en la vida familiar en la niñez, falta de amor incondicional de parte de alguno de los progenitores y la falta de identificación con el progenitor del mismo sexo. Más tarde en la vida estos factores pueden resultar en una búsqueda de amor y aceptación, envidia del mismo sexo o del sexo opuesto, una vida controlada por diferentes temores y sentimientos de aislamiento.

Donde sí parece haber consenso es que la homosexualidad es causada por una multitud de raíces. Sería simplista pensar que este complejo problema sólo tiene una causa: el temor al sexo opuesto, o el incesto, o el abuso sexual, o las madres dominantes, o los padres débiles, o la opresión demoníaca.

No cabe duda que cualquiera de estas razones puede tener repercusiones en la identidad sexual de una persona. Sin embargo, sólo la decisión personal marca la ficha decisiva en la formación de la identidad homosexual, aunque muy pocos quieran admitirlo.

¿Qué dice la Biblia?

Nuestro «Manual de vida» es muy claro en esto. Hay cinco pasajes bíblicos que nos indican que la homosexualidad es pecado.

No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación. (Levítico 18.22, NVI)

Si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte, de la cual ellos mismos serán responsables. (Levítico 20.13, NVI)

Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. (Romanos 1.26-27, NVI)

¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. (1 Corintios 6.9-10)

Tengamos en cuenta que la ley no se ha instituido para los justos sino para los desobedientes y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos. La ley es para los que maltratan a sus propios padres, para los asesinos, para los adúlteros y los homosexuales, para los traficantes de esclavos, los embusteros y los que juran en falso. En fin, la ley es para todo lo que está en contra de la sana doctrina. (1 Timoteo 1.9-10)

A pesar que la posición de las Escrituras sobre la conducta homosexual es muy clara, algunas personas se preguntan si la Biblia también dice que los «sentimientos homosexuales» son incorrectos.

Después de una larga exposición sobre la homosexualidad, Romanos 1.32 termina diciendo: «quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican».

Aquí, entonces, se hace evidente que aun el aprobar el estilo de vida homosexual es pecado. En Colosenses 3.5 dice: «Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría».

De acuerdo con la Palabra de Dios, la lujuria sexual y la fantasía homosexual —y heterosexual— son pecados. No obstante, 1 Corintios 10.13 nos asegura que la tentación no es pecado: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar».

Existe una enorme diferencia entre sentirse atraído hacia el acto o la fantasía homosexual, y escoger rendirse ante esa atracción. Y aquí radica la diferencia entre la tentación y el pecado. No podemos controlar por completo lo que nos sirve de tentación, pero sí podemos decidir si rendirnos o no ante esa tentación. Y la realidad es que ese poder de decisión sólo se fortalece a través del Espíritu Santo quien vive en nosotros. ¡Solos no podemos hacerlo!

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