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conferencista Cristiano

Conferencista en vida Cristiana

La Homosexualidad, la Biblia y el Mundo de Hoy

Parte II

Así dice el Señor: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía».

—2 Crónicas 20.15 (NVI)


Los cuatro aspectos de la homosexualidad

La homosexualidad es mucho más que un simple acto sexual. Para comprender mejor las circunstancias de la persona que busca ayuda, hemos dividido este tema en cuatro aspectos principales: conducta, respuesta síquica, identidad y ambiente homosexual.

Conducta

A menudo asumimos que todas las personas homosexuales tienen encuentros homosexuales, pero no siempre es así. Asumimos también, y de forma incorrecta, que todo aquel que practica actos homosexuales es homosexual. Sin embargo, no siempre estos actos no son un indicio verdadero de que una persona sea o no homosexual.

Hemos escuchado de hombres heterosexuales que tienen encuentros homosexuales por diferentes razones; por ejemplo, estar en prisión o en otro lugar donde no es posible el sexo heterosexual.

Tampoco creemos que un muchacho que ha tenido encuentros homosexuales a temprana edad sea un homosexual, a menos que estos encuentros llenen una necesidad que no es satisfecha de otra manera, como la necesidad de amor, aceptación, seguridad y significado. En este caso, estos encuentros representan un «intercambio» de las necesidades no sexuales que se obtienen a través de ellos. Es posible que esos encuentros sean sinónimos de satisfacer estas necesidades. Y, ciertamente, esto sí puede llevar a una orientación homosexual.

Sin embargo, existen estadísticas que revelan que la mayoría de los jóvenes que experimentan actos homosexuales logran madurar hacia una vida heterosexual normal. Y, por el contrario, existen muchas otras personas que nunca han tenido encuentros homosexuales, debido al miedo o a una fuerte convicción religiosa, que viven en una intensa y constante lucha con la homosexualidad.

Respuesta síquica

Una breve definición de este término es: «la excitación sexual (o estímulo) causada por la percepción visual o la especulación de fantasías».

Es esta respuesta síquica lo que mucha gente llama también «orientación homosexual». A pesar de que muchas personas dicen que han experimentado atracción visual o sexual por el mismo sexo «desde que tienen uso de razón», existe un patrón progresivo en la vida de un individuo que conduce a una respuesta síquica homosexual.

El niño o la niña pueden comenzar con la necesidad de compararse con otros de su mismo sexo para ver si satisfacen los valores impuestos por la sociedad. Cuando no logran compararse favorablemente con los demás, entonces comienzan a sentir admiración por esas cualidades y características físicas que no tiene, y que envidia. En algún momento, ese deseo se erotiza y eventualmente se transforma en esa respuesta síquica.

En la mayoría de los casos, esto se inicia con un poco de imaginación. El individuo se imagina a sí mismo en situaciones sexuales y cuando ocurre ese primer encuentro sexual, puede ser el resultado de varios años de planeamiento y fantasía.

Identidad

Por otra parte, algunas personas atribuyen su homosexualidad a la «identidad». En este caso, es posible que el individuo no haya experimentado una atracción sexual por el mismo sexo, ni haya tenido ningún encuentro homosexual. Sin embargo, desde temprana edad se ha sentido «diferente» a los demás. Se siente «anormal», como si no ocupara un lugar en el mundo heterosexual. Esto le lleva a pensar: «Si no soy heterosexual, entonces debo ser homosexual». Y claro está, esta es una interpretación desatinada.

En algunos casos, el chico o la chica crecen con miedo al sexo opuesto, carecen de habilidades sociales o en los deportes, y así, poco a poco, comienzan a aceptar y a desarrollar una «identidad» que vaya a tono con esas características. Por esto es tan importante para cada uno de nosotros tener un sano concepto de quiénes somos. Y no lo olvides... somos, ante todo, hijos e hijas de Dios, creados a su imagen y semejanza.

Ambiente

Una persona homosexual puede insistir que no tiene responsabilidad alguna por su identidad, su respuesta síquica, ni aun por su primer encuentro sexual pues este pudo haber sido forzado.

Sin embargo, todo homosexual debe hacerse responsable por escoger entrar en ese ambiente y quedarse allí; aunque bien es cierto que entran en este estilo de vida en diferentes grados. Algunos viven en el mundo heterosexual la mayor parte del tiempo, y sólo buscan en el ambiente homosexual encuentros sexuales esporádicos e impersonales. Otros, en cambio, se sumergen totalmente en la subcultura homosexual donde trabajan, viven y socializan todo el tiempo. Entre estos dos extremos existen todas las demás variantes. Y es precisamente dentro de este ambiente homosexual donde la mayoría de la gente siente cierto grado de aceptación que les atrae.

Hoy día vemos con más y más frecuencia una «aceptación social» que antes no existía. Sin embargo, a menudo esta se vuelve una forma de vida dolorosa y sin recompensa, especialmente para los homosexuales de edad avanzada quienes ya no son deseados sexualmente.

Un problema complejo

Como puedes ver, la homosexualidad es un problema complejo que tiene muchas definiciones y variaciones. Si alguien te dice: «Soy homosexual», verdaderamente le ha dicho muy poco sobre su persona. La sexualidad es apenas un rasgo de nuestra personalidad y para nada nos define completamente. Es necesario que miremos la vida de esa persona en detalle para determinar hasta qué grado la homosexualidad se ha convertido parte de su identidad. Y esto, sin duda, explica el por qué la homosexualidad puede ser un problema difícil de superar.

Por ser la sexualidad una característica inherente a nuestra humanidad, podemos entender lo difícil que puede resultar salir de esta conducta pecaminosa. Sin embargo, sí hay esperanza. Hay miles que la han abandonado y que se han convertido en «nuevas criaturas en Cristo». Este es uno de esos maravillosos testimonios:

Querido pastor,

Nunca pensé cambiar y siempre decía que el único que podía cambiar mi vida homosexual era Dios. Así que confié en él. Hoy puedo decirle que soy una mujer feliz, llena de Dios y muy enamorada. Cuando llegué a la iglesia por primera vez, escuché la canción «Al fin llegué» y esa canción me hizo pensar mucho. Nunca he hablado con usted, pero sus predicas han hecho cambiar mi vida y eso me pone a pensar mucho. Espero que usted sea el pastor que me case por la iglesia y en mi iglesia. Por eso sólo me casé por lo civil.

¡Gracias pastor y que Dios lo bendiga!

¿Lo ves? ¡Sí es posible! Muchas personas que antes tenían inclinaciones homosexuales, hoy día están casadas y tienen familias. Otras, se mantienen solteras y viven vidas gozosas dedicadas al servicio de Dios.

Dios concede los deseos de nuestro corazón y a Satanás no le complace cuando alguien se da cuenta del engaño de la homosexualidad y descubre la puerta hacia una vida diferente y feliz. Además, no olvides, que Dios detesta el pecado, pero ama al pecador.

Ciertamente, este tema de la homosexualidad trae consigo muchas preguntas por contestar y muchas batallas por pelear, pero, ¿sabes qué? Mayor es el que está en ti que el que está en el mundo. Y, así dice el Señor: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (2 Crónicas 20.15, NVI)

DoctorEdwinLemuel