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conferencista Cristiano

Coaching en vida Cristiana

LAS BRONCAS NUESTRAS DE CADA DIA

(Lean con tono jocoso) “Pastor… mi marido me habla feo…, Dr. Es que ella es una mimada…, Pastor… mi marido es un desordenado, es un falso enano, rencoroso, que no tiene Corazón, lleno de celos sin motivos….”

“Pastor, lo que pasa es que mi esposa una impuntual, peleona, egoísta y gritona…”. “La tacañería es el peor defecto de mi pareja…”.

“Es que el es un inconsciente….”. “ y tú eres una inmadura…”

Estas son algunas de las frases que escucha y lee nuestro entrenador en vida cristiana, en los correos y consultas de las parejas.

Hoy, nos habla del tema: “LAS BORNCAS NUESTRAS DE CADA DIA”. Adelante Dr. Edwin Lemuel Ortiz.


Si una pareja que ha cumplido al menos cuatro o cinco años de matrimonio asevera que nunca ha tenido discusiones ni desacuerdos, seguramente viene de otro planeta.

Los disgustos, las discrepancias, los diferentes puntos de vista, el malgenio, las preocupaciones, en fin, las razones para que una pareja empiece a discutir y termine peleándose al punto de creer que su romance acabó, es el pan de cada día, EN LA MAYORIA DE LAS RELACIONES, pero eso no tiene que ser el final. Tampoco tiene porque ser a si para siempre.

Cuando un hombre y una mujer se juntan, conviven y comparten es lógico que se presente una serie de incompatibilidades, que se noten algunas actitudes que molestan al uno o al otro y que ni siquiera se vieron al comienzo y, claro, esto lleva a discusiones, a enojos, a peleas.

“Que si él me habló feo, que ella es una mimada, que el marido es un desordenado y que la esposa una impuntual, que la tacañería es su peor defecto y que el despilfarro es el suyo, que él es un inconsciente y ella una inmadura son algunas de las frases que si se pidiera a una pareja que lleva junta algún tiempo determinar por qué razones pelean, con seguridad formarían parte de la gran lista”.

Es muy natural y lo confirman todos los especialistas y las investigaciones realizadas sobre el tema que las peleas entre parejas formen parte de sus rutinas.

No hay razón para alarmarse con ello, las buenas discusiones pueden ser muy benéficas si sabemos aprovecharlas.

Para comenzar, el primer punto positivo luego de un pleito es la reconciliación, sin embargo, esto no significa que tenga que haber una pelea de por medio para que las parejas se den cuenta de que se aman y quieren seguir juntas, esto no soluciona las discrepancias ni las desavenencias pues, en realidad, estas provienen de un origen más profundo y por eso es necesario llegar al fondo del asunto en cada ocasión en que se desata una discusión.

Si se acumulan las dudas y los rencores porque la pareja prefiere no decir nada en lugar de pelear también es peligroso, pues poco a poco se irá formando una fuerza explosiva que, en algún momento, tendrá que estallar y cuando eso suceda los daños pudieran ser irreversibles.

Siempre en una pareja uno de los miembros es más reflexivo que el otro y esto nada tiene que ver con el género ni la madurez, quizás es más bien una cualidad aprendida a través de los años o recibida por herencia.

Medellín, una joven mujer recién casada, comenta que cuando se iba con su flamante marido al viaje de “Luna de Miel”, él le dijo que se había dado cuenta de que ella tenía un carácter fuerte y que se enojaba con facilidad, le confesó entonces que él también era bastante explosivo y que, por tanto, necesitaban hacer un pacto y cumplirlo porque de lo contrario su matrimonio no tenía futuro.

"Cuando notes que estoy enojado o molesto, por favor no me contestes ni levantes la voz, pues seguramente eso me alterará más y nos trenzaremos en una pelea que nos afectará a los dos…

Esperemos a que los ánimos se mejoren, que las aguas bajen su nivel y cuando estemos más tranquilos hablemos de lo sucedido, de esta manera evitaremos la agresión y los resentimientos".

Ella se quedó un poco alarmada por lo que escuchaba, pero aceptó la propuesta. No siempre le fue fácil, muchas veces estuvo tentada a mandarle de paseo por el infierno, pero al recordar lo que él le había dicho, pensaba que lo mejor era intentar cumplir con ese compromiso previo y evitar males mayores.

El respeto es básico.

Las parejas felices que jamás se pelean, que están siempre de acuerdo y que lucen dichosas todo el tiempo sólo existen en el imaginario de las novelas románticas y en las películas en donde los enamorados, el amor, las relaciones y todas las circunstancias son ‘perfectas'.

Los seres humanos somos eso: humanos, no santos, no ángeles ni perfectos y, por tanto, tenemos nuestros malos momentos, nuestras debilidades, nuestras impertinencias, nuestros enojos, nuestras tristezas, nuestras incomprensiones, si no fuera así seríamos perfectos y no estaríamos habitando este mundo sino que formaríamos parte de una corte angelical.

Todos tenemos buenos y malos momentos, personalidades fuertes a veces y menos en otras, capacidad de comprensión la mayor parte del tiempo pero en ocasiones se nos hace difícil aceptar otras visiones.

Algo que es básico para que una relación funcione es el respeto, pues las heridas que quedan luego de una falta del mismo son difíciles de sanar.

En su famoso libro ‘Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus', su autor John Gray hace mucho hincapié en este tema.

Él menciona que es un ingrediente muy valioso para el éxito de toda relación y que cuando se pierde puede ser desastroso y llevar a la pareja a la finalización de su relación.

Señala que la falta de respeto puede darse cuando un cónyuge pasa del enojo a la ira, pues una persona iracunda puede llegar hasta lo inimaginable: insultos, golpes y hasta agresiones mayores que ponen en riesgo la vida misma de esos seres.

Por eso es vital que antes de que se llegue a una falta de respeto se conozca la clase de peleas que se producen en la pareja, con el fin de evitarlos y así no tener que lamentar hechos irremediables.

Diversos enfrentamientos

Hay varias formas de pelear dentro de una relación.

Primero están las discusiones leves que se producen por diferencias de opinión debido al ambiente en que cada uno de los cónyuges fue criado y, por ende, a su educación.

Luego están las discusiones acaloradas, que sacan a flote los puntos de vista que quieren defender ellos y ellas intentando además imponer a su pareja esa manera de pensar y hacer las cosas.

En estos casos no se llega a ofensas mayores y hasta pudieran servir para conocer mejor al cónyuge.

Pero las peleas que de verdad causan mucho daño son las riñas que se ocasionan por cualquier disgusto por pequeño que sea y que encienden los ánimos de manera tal que se pasa del insulto a los golpes, creando un abismo de separación entre la pareja y poniendo en riesgo su unión.

Los efectos altamente nocivos de las riñas sólo pueden ser borrados con el perdón sincero por parte de ambos miembros de la pareja, siempre y cuando estén dispuestos a no volver a comportarse como lo han venido haciendo.

Existen, por ejemplo, parejas que luego de una riña permanecen días o semanas sin hablarse, esto es inconcebible en personas adultas y conscientes que además viven bajo un mismo techo, comparten su lecho y su vida y hasta han formado una familia.

Recientemente, acabo de visitar la tierra del mayor Psicólogo que he conocido, visite la casa donde vivió y uno de sus consultorios el monte de Capernaum.

Allí, Jesús, mi Psicólogo favorito, soltó una de los “Coaching” para matrimonios y personas en general más impresionante que he escuchado.

Mateo 5:21-22, 31, 38.

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