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conferencista Cristiano

Conferencista en vida Cristiana

LAS EMOCIONES TIENEN VOZ

Del libro, Intimidades…PQEB desde adentro.


Don Adán era un hombre que tenía una relación modelo con Dios. Una amistad como nadie la ha tenido jamás con Él, superada sólo por Jesús. Pero de un día para otro, este hombre descuidó su corazón, descuidó su diseño, descuidó su asignación en la vida y fue preso del primer ataque de pánico de la historia. Como resultado directo de haberle fallado a Dios, Adán descubre una de las emociones más devastadoras que existen: el miedo. Y el miedo enfermó toda su estructura emocional. Y claro, el miedo no podía llegar solo. Vino acompañado de actitudes negativas como la desconfianza, el engaño, el reproche y la justificación. Llega también la culpa y el dolor. De inmediato, como resultado del total desenfoque del hombre en Dios, se presentan el homicidio, las contiendas, los dolores, el destierro, el exilio y la maldición. El relato detallado lo encuentras en Génesis 3.

Desde entonces, el miedo ha secuestrado la conciencia emocional de la raza humana. El «ser» emocional, el «yo» emocional de la raza humana quedó afectado.

Las emociones tienen voz y voto

Tal vez te parece curioso, pero las emociones tienen voz, y créeme, a veces hasta gritan. Tal vez no te has percatado, pero el cien por ciento de lo que hablamos es el «audio», la voz, el sonido de nuestras emociones. Sean buenas o malas; para bien o para mal.

Las emociones hablan y dicen toda clase de cosas. A veces opinan, a veces sugieren, y en la mayoría de la gente, son las que mandan. Y el hecho de que tengan el voto final puede resultar bastante peligroso si esas emociones no están sanas y sugieren u ordenan que actúes de manera inapropiada. Por esto toda persona que realmente quiera «estar bien» necesita primero tratar, sanar, entrenar y reprogramar toda su plataforma emocional en compatibilidad con el diseño original de Dios.

Las emociones le hablaron a Adán. ¿Qué te están diciendo las tuyas en estos días? ¿Qué dejes a tu pareja porque ya se le notan los años? ¿Qué dejes a tu cónyuge porque ya no trae dinero suficiente a la casa o porque no luce como el compañero o la compañera de la oficina?

Don Adán, cuando despertó recién creado, jamás pensó que le mentiría al Dios que lo acababa de crear. La idea no estaba en su mente. Él nunca planificó escondérsele a Dios. Y seamos sinceros, nadie en su sano juicio creería que puede esconderse de Dios. Ya sea detrás de los arbustos o detrás de la puerta de la habitación de un hotel o en la oscuridad de la noche. El salmista David, aclara este punto de forma brillante:

¡Jamás podría yo alejarme de tu espíritu, o pretender huir de ti! Si yo quisiera que fuera ya de noche para esconderme en la oscuridad, ¡de nada serviría! ¡Para ti no hay diferencia entre la oscuridad y la luz! ¡Para ti, hasta la noche brilla como la luz del sol!
—Salmo 139.7, 11-12 (TLA)

Adán: Víctima de una «anaconda emocional»

Adán intenta esconderse de, engañar a y argumentar con Dios en consecuencia a un ataque emocional. El ser al que estaba emocionalmente «atado», su muñeca, su princesa, el amor emocional de su vida, había estado escuchando a una voz nueva, extraña. Una voz que contaminó un área de su ser que hasta ese momento sólo la voz de su esposo llenaba: el área emocional.

Entonces, «esta nueva persona» impresiona a su esposa. Don Adán por primera vez se siente inseguro, quizás intimidado, de que alguien esté influenciando a su mujer. Ella, por su parte, está deslumbrada por las cosas lindas que este nuevo galán le está diciendo. Presiona a su hombre. Adán, para no parecer cobarde o chapado a la antigua, trata de lucir bien ante su hembra. Dirigido por sus emociones, quizás pensó: «Voy a acceder a hacer algo diferente, no vaya ser que esta "nueva persona" que le está hablando al oído a mi princesa, tenga razón y yo luzca feo en este triángulo de voces».

Eva, por su parte, reacciona por primera vez con una estructura emocional contaminada. Contamina su mente, sus pensamientos, sus palabras, y le da voz a una idea exportada de una fuente extraña. Y también contamina emocionalmente a su esposo. Y este es el génesis del sistema emocional «almático», inestable, traidor y mentiroso. Las emociones de la raza humana quedaron dañadas. La mente se corrompió, el pensamiento sabio e inteligente, heredado de Dios, desapareció. El corazón limpio se convirtió en cosa del pasado. El espíritu recto fue pervertido
(Salmo 51.10, RVR1960).

Ahora tenemos a Adán —un hombre que gobernaba su vida desde el espíritu—, siendo manipulado y secuestrado por un mar de tormentas emocionales. A veces quiere agradar a Dios, a veces no. A veces se convence de que puede engañar a Dios y que no se dará cuenta. Otras veces cree que se puede esconder de Dios, y otras veces es consciente de que eso es imposible.

Corrupción de la conciencia

La llamada «caída del hombre» es más una trágica corrupción de la conciencia. La corrupción del sistema emocional que Dios le dio a la raza humana. Es doblemente trágico porque los cristianos no nos hemos dado cuenta que la causa de las tragedias humanas no es que Eva le haya dado a comer Adán la legendaria manzanita. Esa no es la causa, ese fue el efecto. Quizás lo menos importante. Se trató de la corrupción de la conciencia. La corrupción de nuestra memoria emocional.

Eva actúa con una memoria prestada. Piensa y maquina con un «disco duro» usado, ajeno. Si no fuera así, ¿cómo es que monta todo aquel discurso de seducción a su esposo sobre lo que debían o no hacer? ¿De dónde aprendió esos argumentos? Utilizo una memoria prestada. Ella no sabía desobedecer, no sabía manipular. Eva no sabía contradecir a su esposo. ¿Cómo ese día salió con estos argumentos? Echó mano de una memoria prestada, usada y contaminada por un ángel (Lucifer), que ya había hecho lo mismo en el cielo, tal como lo relata Isaías 14.12-17.

Un «hacker» contaminó la «memoria» de la conciencia

Lo realmente devastador fue que toda la estructura emocional del ser creado fue alterada. Satanás actuó como uno de los modernos «hackers», que piratean la seguridad de los sistemas de computadoras, para corromperlos y contaminarlos. Satanás alteró todo el sistema operativo creado por Dios, a través del cual interactuábamos con Él y lo convirtió en un sistema abierto; expuesto a toda emoción e idea contraria al orden divino.

Por eso hoy pensamos que se puede tener un cónyuge, y uno o dos amantes. Que se puede «reciclar» al esposo o la esposa cada cuatro años, y eso nos hace «personas modernas». Por la condición emocional sufrida, también podemos enamorarnos de personas del mismo sexo como otra manera creativa de expresar amor. Por eso amamos hasta que el dinero nos separe. Ese sistema emocional pirateado permite a los padres divorciarse de los hijos sin remordimiento. Por llevar en nosotros un sistema emocional pirateado, tenemos adicciones a sustancias, a personas y a conductas que nos parecen muy normales.

Si fue trágica la caída de nuestra conciencia emocional es doblemente trágico ver que los cristianos ignoramos esta realidad. Tratamos lo externo del nuevo creyente en Jesús. Trabajamos muy bien el aspecto doctrinal, la liturgia, los sacramentos, la tradición religiosa, la jerga, el lenguaje, el ritual, el formalismo, la oración, el rezo, lo legal y lo histórico. Pero en general, no trabajamos el origen real de todo. No atendemos la conciencia emocional de ese ser humano que, recién y como puede, se siente atraído por Jesús.

Lo primero dañado y lo primero que hay que restaurar

Es absolutamente cierto que hoy día la credibilidad de los líderes religiosos evangélicos y católicos está quizás en su nivel más bajo en la historia moderna de la iglesia cristiana. Escándalos impensables, pastores, sacerdotes, obispos y líderes religiosos descubiertos en aberraciones contra niños y personas a las que debían proteger. Abusos de poder, manipulación, explotación, mercadeo con la buena fe de la gente como nunca antes.

¿La razón? No hemos sido tratados, ni sanados en nuestras emociones. Cuando tu conciencia emocional está enferma, no puedes sanar a nadie. Al contrario, los contagiarás con otros males. La sanidad emocional y la sanidad espiritual no son como la medicina tradicional. Un médico que padece de cáncer, puede atender y salvar la vida de sus pacientes sin ninguna dificultad a pesar de su enfermedad. No es así con las cosas del alma. Si el mentor espiritual no está sano, estable y restaurado, sus discípulos tampoco lo estarán. Y no sólo eso, sino que estarán expuestos a un riesgo mayor que su mentor.

Lo primero que tenemos que sanar es lo primero que nos dañaron: nuestra estabilidad emocional. Nuestra capacidad para tomar decisiones, la inteligencia espiritual. La capacidad de gestión en orden con el diseño original de Dios, que encontramos en Génesis 2.18–25.

 

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