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conferencista Cristiano

Coach en vida cristiana

Para Ya De Mentirte

Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.

—2 Corintios 10.4-5


Todos tenemos conversaciones internas mientras estamos despiertos. ¿Acaso pensaste que eras el único? ¡Para nada!

Entonces, ahora que sabes que no es locura y que no tienes que correr a ver al siquiatra, lo importante es que tú y yo hablemos del contenido de esas conversaciones mentales.

Algunos sicólogos calculan que la persona promedio tiende a decirse entre 40,000 a 50,000 palabras diariamente. Un setenta por ciento son expresiones negativas. Sin embargo, los atletas profesionales considerados como excepcionales reducen su auto plática a unas 20,000 expresiones diarias, y menos del cincuenta por ciento son comentarios negativos.

Esto quiere decir que nuestros diálogos internos son factores críticos si queremos alcanzar la victoria en nuestras vidas.

La Biblia nos recuerda que «la fe viene como resultado de oír» (Romanos 10.17, NVI). Tu sistema de creencias se crea de acuerdo a lo que piensas y lo que te dices ti mismo (y recuerda, no todo tiene que ser en voz alta).

El subconsciente no tiene poder alguno para ejercer juicio, sino que simplemente graba la información y las experiencias a medida que suceden, toma como verdad lo que se dijo, y entonces lo cree.

Es por eso que las palabras que salen de tu boca (lo que dices a otros), las meditaciones del alma (lo que te dices a ti mismo) y las palabras de los demás (las que escuchas) influyen muchísimo en lo que piensas, en lo que haces y en quién te convertirás a la larga.

Todo lo que digas debe ser aceptable ante los ojos de Dios. ¿Sabes algo? Nunca estás desempleado... ¡siempre tienes el trabajo de ser el guardián de tu mente! Eres tú quien determina lo que te vas a permitir ver, oír y pensar.

Si quieres combatir los pensamientos contrarios a la voluntad de tu Creador, visita —y pon en práctica— 2 Corintios 10.4-5 (NVI):

Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.

Dios te hace personalmente res¬ponsable por el templo que te entregó para que cuidaras, así que evita las amistades y las compañías negativas. Pasa por el cedazo bíblico las películas que ves, la música que escuchas, las imágenes cibernéticas que recibes, las revistas y los libros que lees.

Todo está en la actitud

Como dice el refrán popular: «Tu actitud determina tu altitud». ¡Cierto! ¡Cierto! ¡Cierto! Definitivamente tu actitud afecta tu relación con Dios y con los demás, e igualmente afecta tu salud mental, emocional y física.

Esos soliloquios negativos internos afectan tu actitud de la misma forma que lo haría una herida causada por otra persona. Tal vez una de las razones por las que tu actitud puede causarte enfermedades, dolencias y otras formas de tormentos es por que determina también tu nivel de estrés.

Algunas personas acumulan el estrés y lo llevan en silencio; mientras que otras lo gritan y lo ventilan a los cuatro vientos. En ambos casos, el estrés es un asesino que se acelera e intensifica cuando nuestro enfoque está por todos lados menos donde debe estar.

Medita en lo que nos dice Proverbios 3.5-8 (NVI):

Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser.

No presumas que lo sabes todo. ¡Corre hacia Dios! ¡Aléjate del mal! ¡Calla esas vocecitas negativas en tu interior!

Si insistes en vivir observando el vaso medio vacío —en vez de medio lleno— estarás condenado a la desilusión.

La perspectiva

Si tu perspectiva de la vida, incluyendo tu pasado, es triste, entonces permanecerás triste. Todo a tu alrededor se afecta por tu perspectiva de las cosas.

Si añades una mala actitud a un pasado que no ha sido sanado, las presiones comunes del diario vivir y el continuo aluvión de soliloquios negativos, vas a llegar a la desesperación, y sin darte cuenta.

¡Ah! Y no lo olvides... los espíritus demoníacos trabajan horas extras para asegurarse de que tomes esa senda.

Las heridas emocionales nos llevan a albergar una serie de sentimientos negativos que oscilan desde la decepción y el enojo, hasta el odio y la ira contra quienes la hayan herido.

La sanidad comienza cuando la persona calla esas vocecitas, renuncia a esos sentimientos y aprende a diferenciar al actor del acto; al odio del odiar a la persona a quien lo hizo.

Y esto es una respuesta bíblica, pues la Biblia dice que no debemos dejar que el sol se ponga sobre nuestra ira, porque cuando permitimos que la ira hierva a fuego lento durante la noche, le damos paso al enemigo.

Desacredita las mentiras

¿Por qué nos rechazamos a nosotros mismos? ¿Será debido a lo que nos han hecho otros? ¿Acaso será por lo que hemos escogido creer sobre nosotros mismos?

Debemos aclarar una verdad esencial: Dios nos ama tal cual somos. Él nos ama cuando hacemos bien y cuando hacemos mal. Nuestros pecados no afectan el amor que Dios siente por nosotros. ¡Él nos ama incondicionalmente! Es posible que aflijamos su corazón, pero nunca escaparemos de su amor. Pues él es la esencia del amor y el amor es su esencia.

Es por esto que el respecto y la aceptación hacia nosotros mismos tienen que basarse en el gran amor de Dios, y no en nuestras obras. ¡Para ya de mentirte! Dios nos creó para su propósito. Nos programó a cada uno con un potencial para el reino, una asignación de por vida que sólo nosotros podemos realizar.

Es posible que protestes y digas: «¿Pero qué pasa con mis debilidades? ¿Y qué de mis defectos?» En este caso, todo eso en lo que estamos trabajando en nuestro interior y que deseamos cambiar, simplemente las aceptamos conforme las entreguemos a Dios. Pablo escribió: «Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento» (1 Timoteo 6.6).

Ser fuerte no es la meta final; sin embargo, ser de Dios sí lo es. Cuando le pertenecemos al Señor y dependemos de él en obediencia, él demostrará su fuerza a través de nuestra debilidad.

«Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte» (1 Corintios 1.27), y de esa manera él recibe la mayor gloria.

Tal vez te has preguntado, al igual que yo: ¿Por qué Dios no previno las situaciones dolorosas que he experimentado? ¿Dónde estaba él cuando ocurrieron? ¿Cómo es que estuvo a mi lado y permitió lo que me hicieron?

Aunque esas preguntas son perfectamente razonables, es posible que no descubramos sus respuestas en esta vida. Sin embargo, de algo puedes estar seguro: Dios se afligió cuando te sentías afligido. Él sufrió cuando tú sufrías. Él se dolió cuando estabas dolido. Y siempre va a hacerlo. Es su promesa.

Hace más de dos mil años, Jesús le quitó el poder a Satanás en el Calvario y lo desarmó por completo. Decide no temer y cree en este sacrificio de amor.

Pídele al Señor que te revele las mentiras que te repites constantemente. Luego, reprograma tu mente con la verdad del cielo. Lee la Palabra de Dios pues es alimento para tu alma. Establece relaciones de amistad con personas que están emocionalmente saludables (¡lo bueno siempre se contagia!). Aléjate del noventa por ciento de la población que no desea ser feliz y únete al diez por ciento que sí lo desea.

Finalmente, no olvides que fuiste creado con un propósito divino. Jesús te ha redimido por completo. Deja de mentirte para que otros vean a través de ti la gloria de Dios, tu Creador.

DoctorEdwinLemuel