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conferencista Cristiano

Coach en vida cristiana

¡Cuidado con el Mito del “Príncipe Azul”!

Casi todas las mujeres han soñado alguna vez con el Príncipe Azul para sus vidas. Muchas se enfrentan en algún momento con la realidad de que ese tipo de príncipe y las princesas que esperan por ellos, sólo existen en los cuentos... ¿Será acaso posible que todas las mujeres, en plena era digital sigan soñando con el “príncipe azul”? Y todavía hay quienes se preguntan: ¿Será que este personaje existe en la realidad y en la actualidad?.


Lo que si es muy cierto es que la gracia de Dios para solucionar todos los problemas en un matrimonio sí es real. Eso no significa que se deban mantener los ojos cerrados antes de decir "Sí acepto".

Podemos preguntarle a cualquier mujer: "¿Qué clase de hombre quieres para casarte?" Y ella seguramente respondería algo parecido a esto: "Bueno, quiero alguien amable e inteligente, pero no uno que sea demasiado amable de manera que permita que cualquiera camine encima suyo. Y tampoco alguien demasiado inteligente que se convierta en un insoportable genio. Tampoco alguien que se pase la vida leyendo pues siempre es bueno que a la pareja que se escoge le guste socializar. Un líder, el alma de una fiesta, pero no alguien que imponga siempre su presencia. Quisiera que sea guapo, pero no demasiado porque eso le haría soberbio. Me gustaría..."

¿A qué suenan todas estas aseveraciones?

Parece que lo que esta mujer quiere es casarse con más de una persona, pues un solo hombre no puede cumplir con todas sus pretensiones.

Lo que sucede es que cada vez más y más las mujeres leen y ven demasiadas novelas…demasiados dramas, historias que están muy lejanas de la vida real y que convierten a esta trama amorosa en un juego de la imaginación.

A veces nuestro cerebro no sabe discerner entre lo que es la realidad y lo que no lo es. ¿Se acuerdan de Marimar, la muchachita costeña que interpretaba la actriz Thalia? ¿De “Bety la Fea…”

"La ficción está llena de luces mágicas y de sueños imposibles, de ríos rosados de romance y de cuentos de hadas…” Bastante tontitos….

Debemos ser realistas y aprender una lección maravillosa: no existen los seres humanos perfectos, ni masculinos ni femeninos.

La persona de la que nos enamoramos no es perfecta y tendremos oportunidad de comprobarlo una vez que las mariposas que sentimos en el estómago empiecen a desaparecer.

Sin embargo, las cualidades de esa persona se equilibran con aquellas que nos hacen falta y nuestras cualidades se equilibran con las que le hacen falta a ese príncipe.

Hay cosas que no se pueden cambiar como la personalidad de alguien y las malas noticias son que éstas se agravan con el tiempo. Por lo tanto, lo mejor será buscar el yo interno, ese enanito sabio que todos tenemos dentro y tratar de ver si podemos vivir con los defectos de esa posible pareja.

¿Son esos defectos compensados por sus cualidades? Es la pregunta pertinente para poder dilucidar el dilema.

Prepárese para encontrar dos o tres defectos en su príncipe, con los cuales probablemente usted tendrá que vivir. No es el fin del mundo, no se aterrorice. Si Papito Dios quiere que se case con esa persona, seguramente le tiene preparada la inspiración necesaria para aprender a vivir con sus defectos. Por supuesto, hay cosas que no pueden permitirse en una posible pareja como, por ejemplo, la agresión física o actitudes similares….

Amor versus pasión

Es muy importante hacer una clara distinción entre la pasión y el amor. Si bien el amor incluye pasión, el verdadero amor no es pasión solamente. La pasión se enfoca en lo físico de la relación y depende de ello. Es muy fácil enamorarse de una mujer bella o de un hombre muy apuesto, sin embargo si no existen otras características complementarias a su apariencia física, las estadísticas demuestran que esta clase de uniones duran de dos a cinco años y terminan siempre en divorcio.

¿Por qué si ambos somos tan bellos?

Luego de dos años de vivir juntos, la parte física tiende a desvanecerse porque la cruel realidad aparece cuando hay que pagar las cuentas, cuando se requiere de una confianza mutua, de una mente clara y precisa, de una toma de decisiones adecuada, de velar por la educación de los hijos, etc. Todo eso no se consigue a través de la apariencia física….

El verdadero amor descansa en una profunda decisión de volver a casarse con la misma persona cada día, es un acto constante que depende del deseo compartido, de un proceso de crecimiento en el amor; es algo que se construye a través de pequeñas cosas que se realizan día a día mientras se comparte la vida.

Hay que ser realistas y separar claramente los hechos de la ficción. No hay que atemorizarse porque se haya descubierto que no somos perfectos y que los príncipes azules no existen, lo que hay que hacer es buscar interiormente la sabiduría suficiente para poder discernir adecuadamente y asegurarnos de que en realidad nos hemos enamorado de su personalidad y no solamente de sus músculos o sus profundos ojos azules.

¿Cómo se sabe si es la persona correcta?

Mantenga los ojos bien abiertos antes de dar el gran paso y sea objetiva, escuche la opinión de sus padres, mire cómo ven sus amistades a esa persona que ha escogido para que se convierta en su compañero de vida. No se apure, dé tiempo al tiempo y podrá ver la verdadera cara de su príncipe azul a través de esos encuentros que le permitirán conocerle mejor.

Se necesitan alrededor de seis meses para poder darse cuenta de cómo es en realidad esa persona de la que nos enamoramos, a veces a primera vista y por eso es sabio esperar al menos un año antes de dar el "sí" para toda la vida.

Las instrucciones precisas para un buen matrimonio están en la Biblia:

1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos;(A) para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,

2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,(B)

4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos;

6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor;(C) de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,(D) dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:1-7

DoctorEdwinLemuel