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conferencista Cristiano

Coach en vida cristiana

Un Nuevo Matrimonio

Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.

—1 Corintios 13.13 (NVI)


¿Te suena familiar esta historia? Tu amiga se te acerca y te cuenta: «Esto ya lo sabes pues estuviste en mi boda... Me casé ilusionada, amando a Carlos y lo hice pensando que iba a ser para toda la vida. Sin embargo, después de diez años todo se vino abajo. Ya llevo cinco años divorciada y recientemente Luis me está pretendiendo. Es un gran hombre, pero tengo miedo de volverme a casar y salir desilusionada otra vez. Nunca creí en el divorcio, y mucho menos en esto de volverme a casar. ¿Qué crees que debo hacer?

Y esa es precisamente la pregunta de los sesenta y cuatro mil centavos. A pesar de la alta tasa de divorcio de hoy día, la mayoría de la gente no crece con la «ilusión» de casarse más de una vez. El sueño típico es encontrar a la persona adecua¬da, ena¬morarse, construir una vida juntos y vivir felices para siempre.

Sin embargo, para muchos, el «felices para siempre» es interrumpido por el divorcio o la muerte. Y es entonces cuando hay que evaluar el tema de comenzar de nuevo.

Un matrimonio reconstituido es fundamentalmente diferente del primer matrimonio porque es la unión de dos personas que han sufrido pérdidas y heridas en una relación anterior. De camino al altar, el novio y la novia llevan con ellos todo un bagaje que nadie puede ver: sufrimiento y heridas emocionales del pasado que amenazan su futuro, lo quieran o no.

Los muros de protección que una vez construimos para soportar el dolor de la pérdida, ahora pueden hacer que centremos la atención en nosotros mismos y seamos incapaces de entregarnos por completo a otra persona.

Mientras buscamos otra oportunidad en el amor, debemos darnos cuenta que es posible vivir esta nueva relación con espíritu de restauración y aceptación de lo que ahora es nuestra nueva realidad. Y la única forma de sobrevivir a las inesperadas idas y vueltas de un segundo matrimonio es poner sólidamente a Cristo en el centro de la relación.

La vida está llena de imprevistos. Y esto aplica particularmente a un segundo matrimonio. Esto suele comprender diversas circunstancias: nuevos lazos familiares que se están formando, antiguos lazos que luchan por sobrevivir, y malentendidos que surgen a lo largo del camino.

Sin embargo, a pesar de esto, debemos aprender a confiar en el amor de Cristo. Es precisamente este amor el que nos capacitará para poder transitar el desconocido territorio del segundo matrimonio.

Desafortunadamente, en nuestra cultura, la vida se ha convertido en «primero yo» y mi búsqueda personal de la felicidad. Esta actitud egoísta ha afectado incluso el modo en que nosotros como cristianos vemos la vida. Y cuando leemos las Escrituras descubrimos que no hay nada más lejos del modelo de Cristo.

En lugar de pensar que la vida es para nuestro propio placer, debemos vivir para agradar a Dios. Sin embargo, en un matrimonio reconstituido las heridas del pasado de ambas personas pueden manifestarse. Y los resultados pueden ser desastrosos si no se reajusta el foco para alinearlo con la verdad de la Palabra de Dios. Cuando nos enfrentamos con lo ines¬perado, necesitamos tener presente tres cosas:

1. Ser honestos con Dios y decirle cómo nos duelen estas situaciones, cuán difíciles son de sobrellevar, y reconocer que no podemos hacer lo adecuado por nuestras propias fuerzas.

2. Encontrar nuestra esperanza en la fideli¬dad de Dios, al decidir mantenernos firmes en las promesas de su Palabra, recordándonos la verdad y dejando que esta traiga esperan¬za a nuestro corazón.

3. Humillar nuestro corazón y voluntad ante el plan que Él tiene para nuestra vida, pues la humildad es el camino que nos conduce a la verdadera libertad.

Es tiempo de creer que Dios es quien dice ser y que podemos confiarle todo a Él.

Es importante recordar que nuestros desafíos, tanto en pensamiento como en circunstancias, no son únicos ni insuperables. Otros, en situaciones similares —o quizás peores— están aprendiendo a ser honestos y a sostener con oración su matrimonio reconstituido. A medida que aprendemos a ser sinceros con nosotros mismos, con nuestros cónyuges y con el Señor, también aprenderemos a convertir nuestra ansiedad y preocupación en oración y alabanza.

¡Cuando confías en el Señor recibes la paz que produce una nueva esperanza!

DoctorEdwinLemuel