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conferencista Cristiano

Coach en vida cristiana

Y TODAVIA LE LLAMA PAPÁ

Por Pablo Jimenez:

Te escribo porque tuve el gusto de compartir con tu hija recientemente, y es una niña excepcional. Cualquier hombre estaría orgulloso de tener una hija tan brillante, tan linda y tan buena. Por eso es que me indigna tu actitud hacia ella.


¿Cómo es posible que apenas la busques? ¿Cómo es posible que no saques tiempo siquiera para llamarla por teléfono? ¿Cuántas veces la has visto en los pasados meses? ¿Una? ¿Dos? ¿Cómo puedes justificar tu indiferencia?

Yo sé que tu divorcio fue amargo y que todavía llevas profundas heridas en tu corazón. Empero, eso no es razón para que abandones a tu hija. Uno no se divorcia de sus hijos, mucho menos de una niña que añora ser la "nena de papá".

También sé que te volviste a casar y que tienes hijos con tu nueva pareja. Por eso, tienes nuevos reclamos sobre tu tiempo y tu dinero. Pero, ¿sabes que ese es parte del problema? Tu hija sabe que le dedicas mucho tiempo a tus hijos más pequeños, y eso la hace sentir más sola. ¿Por qué a ellos sí y a ella no?

¿Y qué me dices de la hija de tu esposa? ¿O no comprendes el dolor que siente tu hija al saber que tu hijastra te dice "papá", que la presentas como tu hija y que le das todo tu cariño? ¿Por qué aceptas la ajena y rechazas la tuya?

A pesar de todo esto, tu hija te ama. ¡Si escucharas cómo te defiende! Me dice que es tu actual esposa quien te impide buscarla. No se da cuenta que esa excusa no tiene validez. Ningún hombre que se precie de ser padre permitiría tal cosa. Porque quien no quiera a mis hijas, no me quiere a mí.

Sí, lo más sorprendente es que a pesar de tus desprecios y de tu indiferencia, tu hija todavía te llama "papá". A pesar de que las peleas por la pensión alimentaria, de las muchas promesas rotas y del odio que le tienes a su mamá, tu hija todavía te dice papá.

Espero que comprendas que todavía estás a tiempo de reparar tu relación con tu hija. Llámala, búscala y mímala. Aparece en su escuela sorpresivamente y llévala a almorzar. Sin razón alguna, sácala a pasear y siéntate a hablar con ella a la orilla de la playa. Sé un verdadero padre para ella y Dios te lo recompensará.

Si no la buscas hoy, no te quejes mañana, cuando coseches los frutos de tus muchos desprecios. Cuando no te invite a su graduación, ni a su boda. Cuando no te informe que vas a ser abuelo, ni te permita compartir con tus nietos. Cuando no te visite en el hogar para ancianos, ni asista a tu funeral. Si no te ganas su respeto hoy, mañana no lo tendrás.

 

 

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